sábado, 7 de febrero de 2009

Spanair, Galileo y Julio Verne. Aire, Cielo e Infinito

Uno, El CIELO. 2009 es el año de la Astronomía. Se cumplen cuatrocientos años de las primeras observaciones con telescopio por parte de Galileo Galilei. Casi un cuarto de siglo después de aquella primera observación, fue juzgado por la Inquisición y obligado a retractarse de su teoría (no era el Sol quien giraba alrededor de la tierra sino al revés). Fue absuelto, pero se le atribuye haber pronunciado, minutos después, la frase “ Y sin embargo, se mueve”.

Durante la celebración del Concilio Vaticano II, en la década de los 60, la Iglesia reconoció su error pero no ha sido hasta ahora que ha previsto unas acciones de difusión de la obra de Galileo, como forma de “compensación” al error. Entre las acciones inicialmente previstas se incluía erigir una estatua a Galileo; acción que finalmente se ha “desestimado”.

¿Qué podemos aprender de esta situación?. Varias cosas

Desafiar al “statu quo” aunque sea con datos, por muy irrebatibles y científicos que parezcan o sean; no siempre basta. En organizaciones fuertemente orientadas al poder; cualquier afirmación que contraríe lo instaurado, lo “correcto”, constituye una amenaza. No solo será rechazada, sino que con toda probabilidad su “fuente” será apartada (“¿excomulgada”?), desautorizada e, incluso, perseguida

En algunas ocasiones podemos “consensuar” soluciones intermedias que aúnen todos los intereses y puntos de vista enfrentados. ¿Hubiera sido posible en esta situación?. La desigualdad de fuerzas de ambas partes y el fuerte cuestionamiento de las creencias de la época que suponía la teoría heliocéntrica parece dejar poco margen a situaciones intermedias.

¿Cuál debe ser nuestra reacción ante hechos e informaciones que contradicen los datos en las que basamos nuestras decisiones e incluso las creencias y valores que constituyen nuestra cultura?. ¿Escepticismo, negación, descalificación?, ¿O, por el contrario, análisis y refutación o validación?. Podemos invertir tiempo, recursos y energía en negar la evidencia; especialmente si cuestiona nuestras creencias y nuestro sistema de poder, pero la realidad acabará imponiéndose, probablemente cuando sea demasiado tarde para rectificar.

Todos tenemos derecho a equivocarnos; es cierto. Pero también es cierto que todos tenemos la obligación de rectificar cuando nos equivocamos. Cuando nos damos cuenta de nuestros errores, la reacción debe ser rápida y sin medias tintas ni rectificaciones si queremos que sea eficaz.

Copérnico y Galileo marcaron la primera de las revoluciones de nuestro pensamiento evidenciando que no somos el centro del universo, Darwin daría una vuelta de tuerca más demostrando que no somos el centro de la creación, sino una especie más, que ha evolucionado adaptándose al medio y no creada a imagen y semejanza divina y Freud acabó con los pocos restos de grandeza y soberbia de nuestra especie al demostrar que ni tan solo somos dueños absolutos de nuestros actos; ya que gran parte de ellos son de origen inconsciente y, por tanto, escapan a nuestro control consciente.

Quizás la última y superior lección es esa, la humildad.

Dos, El AIRE. Mi trabajo me obliga a tomar más de 100 aviones anualmente por ello me llama la atención cualquier noticia relacionada con aerolíneas y aeropuertos.

Estas últimas semanas, sin duda, la noticia ha sido la compra del 80 por ciento de Spanair por parte de un grupo de inversores catalanes. Una aerolínea que vivió un año 2008 especialmente complicado. A la ya de por si delicada situación de la compañía y del sector aéreo en general, se unió el trágico accidente en Barajas.

En una época de destrucción de empleo, siempre es una buena noticia que alguien muestre su confianza en una empresa invirtiendo; aunque a nadie se le escapa que la apuesta por Spanair forma parte de un objetivo mayor; convertir el Aeropuerto de Barcelona – El Prat en un “hub” de vuelos intercontinentales y generar oportunidades de negocio para Barcelona y su área metropolitana.

Recuerdo las palabras de Ruiz Gallardón en la inauguración de la T4 de Barajas en febrero de 2006, afirmando que con el tiempo Barajas sería el primer generador de riqueza y empleo en la comunidad de Madrid; tal es el enorme impacto económico en el área de influencia de un aeropuerto (ferias, congresos, impacto directo en hoteles, restauración, posibilidades de acoger sedes de empresas, entre muchas otras).

Francfort y Munich, dos hubs en Alemania. Milán y Roma, dos hubs en Italia. ¿Porqué no Barcelona y Madrid?. En un mundo cada vez más pequeño, las oportunidades que desaprovecha una ciudad no tienen porque ir a otra ciudad del mismo país. Van a cualquier otro lugar. En ese sentido, si Star Alliance (alianza a la cual pertenece Spanair) no crea vuelos a Suramérica desde Barcelona los creará desde Lisboa (con varios vuelos diarios a diferentes ciudades de Brasil) o Francfort, probablemente; pero donde no los creará será en Barajas, por ser “territorio” de OneWorld, su principal competidora y alianza a la que pertenece Iberia; principal operador del aeropuerto.

En fin, confiemos que la compra de Spanair, la próxima inauguración de la nueva terminal T1 del aeropuerto de Barcelona, la ampliación del aeropuerto de Málaga y los empleos que ayudarán a mantener y crear (unos 4.000 en el caso de la nueva terminal) supongan las primeras buenas noticias económicas de una larga lista en este 2.009.

Tres; El INFINITO. Mañana, domingo 8 de Febrero de 2.009, cumpliría 181 años Jules Verne; un creador con mayúsculas. Creador literario durante cuarenta años y creador de artefactos, inventos y sueños que hoy en día se han vuelto realidad e, incluso algunos de ellos, habituales en nuestras vidas. El submarino, los viajes espaciales, la electricidad, el telégrafo, la energía nuclear, por solo citar algunos. Creador y fuente de inspiración para el género de ciencia – ficción, sus novelas han sido “devoradas” por jóvenes de todas las edades en estos últimos 146 años y se han convertido en material recurrente para la industria del cine..

Jules Verne creó gran parte de su obra recurriendo a la documentación de una biblioteca en Nantes. No viajó nunca hasta que ya fue muy mayor, lo cual añade aún más mérito a su fiel descripción de paisajes, países, culturas y ciudades y a todos los ingenios que su mente creó. Preguntado a finales del XIX si creía que algún día veríamos esos inventos hechos realidad su respuesta fue “Todo lo que un hombre pueda soñar; otros podrán hacerlos realidad”.

Todo aquello de lo que disfrutamos hoy fue producto del esfuerzo y voluntad de alguien que se atrevió a soñar, a preguntarse ¿Por qué no? y a trabajar para hacer lo realidad, muchos de ellos a riesgo de ser tomados por locos, peligro público o herejes.

Soñar, no conformarse con la realidad y trabajar para cambiarla. ¿Algún consejo mejor que éste para los tiempos que vivimos?

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