Hoy es la noche de los Oscar. Llevamos varios días oyendo hablar en los medios de comunicación de apuestas en las diferentes categorías y todos conocemos alguien que pasará la noche en blanco siguiendo la ceremonia. Este año, como en el anterior con Bardem, tiene el aliciente añadido de salir de dudas. ¿Ganará ”Pe” la estatuilla?
He de reconocer que con excepción del film de Woody Allen; Bolt y Wall-e no he visto ninguna otra de las películas nominadas. La primera la vi por partida doble en la ida y vuelta de Lisboa a Belo Horizonte y las otras dos en Barcelona en compañía de mi hijo. Así que mi entrada de hoy no será para realizar una apuesta más.
Aunque no he pasado ninguna noche en blanco siguiendo la ceremonia debo reconocer que sigo los resúmenes televisivos del día posterior, los debates y apuestas de los días previos y los resultados y sus polémicas desde finales de los setenta (ventajas o desventajas de la edad, según se mire).
El Oscar, máximo galardón de la industria del cine, está concebido como el reconocimiento de todos los anteriormente nominados y premiados. El Oscar, teóricamente, reconoce al mejor del año en las diferentes especialidades (actor, actriz, músico, actriz, director, entre otros).
Y en estos últimos treinta años la coincidencia entre “el mejor” y “el premiado” no siempre ha sido “evidente”, “clara” o compartida por todos. ¿Qué otros criterios existen para premiar y reconocer y utilizamos en nuestra vida, en las nominaciones y premios o en nuestras empresas?
El primero de ellos es compensar errores previos. Podemos nominar a un actor o director varias veces por excelentes interpretaciones para finalmente darle un premio cuando menos se lo merecía. Y aunque pensemos que “al final se hace justicia” la realidad es que tapamos una injusticia con otra, como el árbitro que pita un penalti injusto para compensar el penalti injusto que pitó minutos antes al equipo contrario. Por no citar que ese premio compensatorio amplia la lista de injusticias en el resto de “no – ganadores”.
La segunda, y cada vez más presente razón, es satisfacer a las comunidades de espectadores. Un premio de cara a la galería. En la medida que premiamos a actores, actrices, directores, técnicos de diferentes puntos del globo aumentamos la dispersión de nuestros “simpatizantes”. Es cierto que la industria del cine española ha mejorado (y mucho) su nivel de calidad en estas últimas dos décadas pero, ¿hasta que punto los premios a Amenábar, Almodóvar, Bardem, Trueba y probablemente “Pe” son reconocimiento a la industria o un intento de influir en el mercado español e hispano?
La tercera es darle reconocimiento público y apoyo a un proyecto. ¿Es quizá en ese sentido que debemos interpretar la frecuente y misteriosa confluencia en un mismo film de los “mejores” en 9, 10 u 11 categorías como hemos visto en los últimos años (El paciente Inglés, Titanic o El Retorno del Rey por citar solo algunas); más allá del hecho de que un buen clima de trabajo, un proyecto ilusionante y rodearse de un gran equipo hace saltar la “chispa” de la “magia” y nos convierte a todos nosotros en mejores técnicamente y nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos.
Haciendo la extrapolación a nuestras empresas, ¿premiamos siempre al mejor, al que se lo merece? o por el contrario ¿compensamos errores pasados, actuamos “de cara a la galería” buscando satisfacer a todo el mundo o, quizás, buscamos impulsar proyectos y personas?
Dejo para otro día la reflexión acerca de la conveniencia o no de los premios, reflexión previa a la que hemos planteado hoy.
Y, por último, comentaba al inicio de la entrada de hoy que vi Vicky, Cristina, Barcelona. Honestamente, me parece una de las películas más flojas de su autor. Nada hay en los personajes que los vincule a la ciudad. Es la misma historia de films anteriores y son los mismos personajes "ociosos" de clase alta neoyorkina que en Manhattan parecen naturales pero desentonan en Barcelona. Unos personajes que deambulan por una ciudad que me cuesta reconocer como la mía más allá de un par de obras de Gaudí, las inevitables Ramblas y un par de cafés antiguos. Y debo reconocer que (por decirlo en un tono políticamente correcto) he visto interpretaciones mejores del trío protagonista.
Y ahora sí; una última anotación; esta noche ganará “Pé”.
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