Ví por televisión las imágenes de la nebulosa planetaria Hélix; también conocida como “El ojo de Dios” (por su tamaño, forma y ubicación) tomadas desde el observatorio de La Silla en Chile así como la recreación informática de su interior.
Por unos momentos volví a vivir la magia del cine, la enorme sala oscura del cine Aribau, en Barcelona, donde en plena fiebre “galáctica” a finales de los años 70 un adolescente veía completamente entregado la media hora final de delirio sonoro y visual de “Odisea 2.001”; la media hora que transcurre desde que la nave Discovery se acerca al enorme monolito negro cerca de Júpiter y, Bowman, el piloto y único tripulante vivo, pronuncia la frase “¡Oh, Dios mio; está lleno de estrellas!” que da nombre a la entrada de hoy en el blog.
Más allá del viaje en el espacio (y en el tiempo) hay varias observaciones y preguntas a realizarse cuando vemos estas imágenes.
La primera es lo inabarcable de las dimensiones. Hélix está a 700 años luz; o lo que es lo mismo 700 años viajando a la velocidad de la luz; 300.000 km. por segundo. Para hacernos una idea de lo que supone esa distancia; nuestra Luna está a poco más de 400.000 km y todos los viajes realizados hasta ahora han tardado unos tres dias. ¿Qué distancia es entonces para una nave tripulada actual 700 años luz? La respuesta es más de 136 millones de años.
La siguiente observación es consecuencia directa de la anterior. Si la luz tarda 700 años en llegar desde Hélix hasta nosotros, ahora estamos viendo a Hélix en esa ubicación concreta y con la forma que tenía hace 700 años. ¿Sigue estando ahí?. Si su forma es dinámica (su núcleo interno se expande a 100.000 km./hora); ¿cómo será su forma actual?. Lo sabremos dentro de 700 años, cuando la luz nos traiga la forma actual.
Por ahora, debemos conformarnos con gestionar y predecir, con la información que tenemos, algo cuyas dimensiones escapan a nuestra "dimensión"; a nuestro "hombre - medida -de -todas - las-cosas". Sabemos, por tanto, lo que existió y estamos recopilando información para saber aún más acerca de algo que existió y predecir una evolución que hace siglos que ya es pasado.
¿Qué interés tiene predecir algo que ya es pasado a 700 años luz de distancia?. Ninguno. Visto así; al menos. Pero no es para predecir el pasado (para la “arqueolo-astronomía” si se me permite el neologismo) que creamos herramientas más potentes y precisas; sino para comprender algo más las fuerzas que nos rigen y para aprender más acerca de nuestro propio sistema.
Y la última observación es acerca de la calificación de la forma de Hélix como “ojo”. Cierto es que el número de fenómenos de la naturaleza es mayor que el número de estructuras posibles y que, por tanto, en mayor o menor medida, éstas tienden a repetirse.
También es cierto y sabido que tendemos a ver estructuras y formas que ya conocemos, adecuando nuestra visión del mundo a las formas que existen en nuestro interior. Incluso existe una corriente del campo de la Psicología de principios del siglo XX llamada “Gestalt” (“forma” en alemán); pero el debate entre si vemos el mundo como es o lo vemos adaptado a nuestras estructuras mentales apriorísticas es un debate que data de los filósofos clásicos.
¿Vemos lo que existe o solo conocemos lo que encaja con lo que ya existe dentro de nuestra cabeza?. ¿Es posible conocer “objetivamente” la realidad o, por el contrario, nuestra visión es parcial?. Somos personas, sujetos, y por tanto nuestra visión es parcial, en todos los sentidos del término. No es total, no lo abarcamos todo, es subjetiva; depende de nuestra historia, nuestros intereses, nuestro ánimo. Lo que pensamos y sentimos condiciona lo “que vemos” y éste refuerza, en la mayoría de los casos, esa visión del mundo.
En nuestra comprensión de la realidad interpersonal no podemos ser “objetivos” pero si podemos esforzarnos por describir y no juzgar, y por oir todas las voces y versiones posibles antes de formarnos una opinión o juicio, tomar una decisión o gestionar un conflicto.
Si he empezado esta entrada con una frase de Odisea 2.001 me gustaría acabar con un breve diálogo extraído del último libro de Harry Potter.
Harry: “¿Es real, o tan solo está sucediendo en mi cabeza?”
Albus Dumbledore: “Está pasando en tu cabeza; lo cual no quiere decir que no sea real”.
sábado, 28 de febrero de 2009
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