Siempre he creído en las personas; y cuando era niño; mi respuesta a la inevitable pregunta “¿Qué quieres ser cuando seas mayor?” variaba de contenido pero no de significado. La lista de misionero, médico, enfermero y sólo después, psiquiatra y psicoanalista dejaba claras mis intenciones. De mayor quería ayudar a la gente.
Fui a la Facultad de Psicología; me gradué y decidí formarme como terapeuta familiar, donde descubrí el universo del pensamiento sistémico. Un universo diferente, donde no se concibe la gente aislada del entramado de personas, sentimientos y relaciones que la envuelven. Donde la linealidad causa – efecto es sumamente difusa, donde las personas pueden tener síntomas pero no necesariamente ser quienes más sufren por ello ni, a menudo, quienes definen esos síntomas como problemas.
Solo una serie de coincidencias combinado con el hecho de haber nacido en la década y el lugar adecuado me hizo entrar en contacto con el mundo de los Recursos Humanos a raíz de la concesión a Barcelona de los Juegos Olímpicos de 1.992
Mi formación como terapeuta de enfoque sistémico y mi posterior trabajo en organizaciones en general y en fábricas en particular; me hizo ampliar mi creencia en las personas y, ahora ya sí; en los equipos. Nada sucede a las personas aisladas y todo sucede en el marco de las relaciones entre personas y grupos. Solo entendiendo y gestionando las relaciones (y el marco en que éstas se dan) podemos inspirar y generar dirección y cambio
Por convicción, por vocación, por conocimiento y por cualquier otra razón imaginable creo en las personas y los equipos. Y todo lo que ha sucedido estos últimos meses de crisis global no ha hecho sino reafirmar dichas creencias.
Vivimos una época compleja. Algunos hablan del pasado, de cómo y porqué hemos llegado hasta aquí, otros de presente; de recetas para salir del atolladero, otros, profetas mediáticos o no, de crisis apocalípticas durante un futuro próximo (o ahora, en el presente continuo) y otros, finalmente de final de la civilización occidental o del capitalismo, a elegir, según las preferencias de cada uno..
Por formación primero y por experiencia después; tiendo a huir de la finalidad causa –efecto, de diagnósticos para identificar culpables (¿es que acaso van a juzgar a alguien?; y aún más ¿su culpabilidad y castigo serviría de algo?) y busco siempre un modelo que me sirva de luz en la oscuridad, de lámpara para salir del túnel; un modelo a modo de norte al que dirigirme.
Y creo firmemente que ese modelo; esa luz, ese norte, ya ha existido y quizás está al borde de la extinción.
Ese modelo (por contraposición a una manera anglosajona liberal de entender la vida y la empresa y a la pacífico asiática) es una manera greco-latina o mediterránea de entender el mundo, la vida y el trabajo.
Un modelo basado en el trabajo constante, continuado, en respetar el ciclo de la naturaleza (el timing, diríamos ahora) ya sea para pescar, o para sembrar y recoger la cosecha; en definitiva, tiempo y preparación para estar en disposición de hacer lo que debe hacerse cuando debe hacerse y como debe hacerse.
Un modelo de autoexigencia más que de exigencia a los demás y un modelo de saber cuando y como exigir; y cuando y como dar.
Un modelo de talento entendido como fruto de ese trabajo y también del conocimiento y experiencia acumulados, tarea tras tarea, año tras año y generación tras generación; de padres a hijos, de maestros a aprendices.
Talento basado en el trabajo y basado en el tiempo. Un talento que ni baja del cielo (ni de los “emebeás”) ni se adquiere con talonarios sino que es fruto de la maduración
El cuarto pilar, a mi juicio, de esa manera alternativa de entender la vida, las relaciones y el trabajo sería el vivir el trabajo juntos, el hacerlo juntos, el compartir. En definitiva el poder del equipo, de la colectividad, de la comunidad como ente superior para desarrollar nuestro pleno potencial como personas y profesionales.
Y el quinto, último y consecuencia directa de los anteriores; sería la sensibilidad hacia las personas y equipos; el respeto y apoyo a lo que cada uno es para que puedan llegar ser lo que pueden ser.
Un estilo, en definitiva mediterráneo de vivir y liderar, basado en el Trabajo, el Talento, el Tiempo, el Trabajo en Equipo y la Sensibilidad hacia las personas.
Podía haber elegido otro nombre, es cierto. Quizás la elección tiene que ver con mi origen, mi pasado, mi historia. Quizá tiene que ver con el origen de la palabra (su traducción es “en mitad de la tierra”) y con el hecho de que este espacio, el Mediterráneo, ha sido históricamente un lugar de intercambio y cuna de algunas civilizaciones; y origen y escenario de algunas guerras, es cierto.
Quizás el acrónimo escogido “de tierra adentro” (T4S; terminal satélite de Barajas) no solo sea una travesura compensatoria del inconsciente o, quizás; tan sólo pretendía generar un foco de reflexión acerca de cómo “otra manera de trabajar, liderar y vivir” es posible.
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