viernes, 12 de junio de 2009

Nomadas. Expatriados, Familias y Expatriados a Tiempo Parcial

Hace ya un par de semanas estuve en el Norte de Portugal abriendo un nuevo proyecto de mejora en una fábrica. Y van ya veinticinco. Un proyecto similar en estructura y objetivos a los otros proyectos a los que en alguna entrada anterior ya me he referido; aunque de forma puntual

Por cierto; si queréis una descripción con mayor grado de detalle acerca de qué son esos proyectos; como construirlos e implantarlos y acerca de su impacto en los resultados de la empresa, la podéis encontrar en el libro “CREO, LUEGO CREO” (Editorial Urano /Empresa Activa”); libro del cual soy autor.

Y hasta aquí el “publirreportaje”. Volvamos ahora al tema que nos ocupa.

Era el jueves a las 6 de la tarde cuando acabé las reuniones de proyecto. Mi avión despegaba en Porto, el día siguiente, viernes a las 12 (hora portuguesa; la 1 del mediodía hora española). Mientras comíamos en un bar del polígono donde se halla ubicada la fábrica, la televisión pública portuguesa anunciaba “greva” (“huelga” en portugués) de los pilotos de PGA (aerolínea regional portuguesa de capital privado que en su día, a inicios de los años 90, se atrevió a desafiar el monopolio público de TAP y que fue comprada recientemente por ésta).

Porto es una ciudad situada al norte de Portugal, una ciudad culta, industrial, famosa por sus vinos, y con una luz maravillosa fruto de la combinación de la compleja orografia, sumada a la desembocadura del río Douro (“D´ouro”; “de oro”; el río Duero para nosotros) y el océano Atlântico (así, con acento circunflejo; lo escriben ellos).

Y de Porto a Vigo (en Galicia) hay alrededor de una hora y media en coche. Así que, tras confirmar que, definitivamente, mi vuelo estaba cancelado; solicité un billete para tomar el primer vuelo (09.45) ese mismo viernes, con destino a Barcelona; y salida desde Vigo, en vez desde Porto como estaba inicialmente previsto.

Ese vuelo suponía salir del hotel (insisto; en Porto, Portugal) a las 5.45 de la madrugada (o de la mañana, si así lo preferís) para llegar relajadamente pero con tiempo suficiente al aeropuerto.

Abreviaré la historia, aunque elimine parcialmente el “suspense”. Poco antes de que la autopista dejara el territorio portugués; la policía portuguesa nos obligó a abandonarla. Sin más explicaciones. El itinerario alternativo recomendado nos llevó por unos maravillosos paisajes: montaña, ríos, lagos (o embalses, lo ignoro), aire fresco impregnado de olor a naturaleza y neblinas y pueblos de las comarcas del Norte de Portugal y Galicia.

¡Qué bonito debe ser tener tiempo para disfrutar de esos paisajes, pueblos y gentes!. Por mi trabajo tomo más de 100 aviones al año para desplazarme por todo el mundo y hay ciudades como Buenos Aires de las que solo conozco la fábrica, el hotel y la Plaza de Mayo, y ésta última porque está a cinco minutos andando del hotel donde me alojo habitualmente.

¡Qué bonito debe ser disfrutar del recorrido por esos paisajes sin recibir tres llamadas telefónicas y una docena de mails en la blackberry! entre las 6 y 9 de la mañana hora portuguesa (y no es un recurso literario, ni una metáfora; ni nada similar. Es la realidad)

Resumiendo. El trayecto de una hora y media se convirtió en un viaje épico (o quizás en una “peregrinación” por aquello de suceder en parte en suelo gallego); perdí el vuelo y acabé comprando otro para las 13 horas; vuelo que tampoco salió puntual.

Os comentaba que tomo más de 100 aviones al año. Taxis, remís, motoristas (estas dos últimas son palabras utilizadas para hablar de taxis y taxistas en Argentina y Brasil, respectivamente), hoteles, colas de facturación, salas de embarque, interminables controles de seguridad y de inmigración son los lugares donde paso una gran parte de mi tiempo.

Os hablaba antes de mi primer libro, donde explico “QUE” hago y “COMO” lo hago; es decir, mi trabajo. El segundo, cuya redacción ya he comenzado tiene dos ejes; explicar por un lado todo aquello que quedó pendiente en el primero (y que algún lector ya me ha hecho saber que “echa en falta”) y, por otro y muy especialmente; el “QUIEN” que existe detrás de “Qué” y el “Cómo”.

Y ese “quién” no es otro que la vida de los expatriados dispersos por todo el mundo; la vida de sus familias y la de aquellos que, como yo, saltamos de fábrica en fábrica, de país en país, de continente en continente, avión tras avión; para prestarles ayudas.

Ellos, los expatriados y sus familias, y gente como yo; auténticos “expatriados a tiempo parcial” somos los auténticos NÓMADAS del siglo XXI.

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